Cas Cas
Mi amigo, tenÃa como apodo el utensilio que se utiliza en el Sahara para hacer el Cus-Cus, comida tradicional saharaui. Algo asà como la paella valenciana o el Rosbif inglés.
Le llamaban Mohamed Cas Cas.
La primera vez que oà hablar de él fue cuando la organización en la que ejercÃa de voluntario, el MPDL, trajo por primera vez niños saharauis a Zaragoza. Se recibió una llamada en la sede de un saharaui que se brindaba a ayudarnos para lo que necesitáramos en el quehacer diario con estos niños.
Además, esa llamada se produjo desde Ejea de los Caballeros, lugar donde yo trabajaba en aquella época. Ejea es un pueblo de unos doce mil habitantes y situada a unos 70 kilómetros de Zaragoza.
Ese primer año fueron 19 los niños que llegaron a Zaragoza. No hicimos caso a su ofrecimiento. No creo que fuera por desprecio. Sencillamente no sabÃamos por donde nos daba el aire con el tema de los niños saharauis.
Además coincide que ese primer año tuvimos a Mouloud, sin duda y que me perdonen el resto de monitores, el mejor monitor saharaui que ha pasado por Zaragoza en el Proyecto vacaciones en Paz, consistente en traer niños saharauis a pasar el verano con familias españolas. Este proyecto se desarrolla todos los veranos desde la ocupación del Sahara en 1975.
Esto hizo, creo, que la ayuda de Mohamed Cas Cas, no fuera necesaria.
Se fueron los niños saharauis, pasó el verano. Y el ofrecimiento se volvió a repetir. En este caso ya no era para ayudar con los niños saharauis sino para ayudar con todo lo que tuviera que ver con el Sahara Occidental.
Asà fue como por fin quedé con él en Ejea aprovechando, lo recuerdo perfectamente, una tarde en la que solÃa haber poco trabajo de lo mÃo que era el mantenimiento en un central telefónica.
Nos encontramos en mis oficinas. Yo estaba solo. Me contó cómo habÃa llegado a Ejea y lo que le sorprendÃa que la gente no supiera nada del Sahara Occidental. También me comentó que llevaba tiempo ofreciéndose a colaborar con Amigos del Pueblo Saharaui y que ninguna asociación habÃa aceptado su ofrecimiento.
Vino a España a progresar. TenÃa a su hijo mediano Abderraman celiaco con una familia de acogida en AndalucÃa. Él podÃa hablar con él en español ya que habÃa olvidado prácticamente el hassania, dialecto del árabe que hablan los saharauis, pero no asà su madre desde los campamentos de refugiados porque desconocÃa el idioma. Saltaron las alarmas, vieron que la comunicación con su hijo era imposible y decidió reagrupar a su familia en España. Este gesto sin duda era muy de Cas Cas. La familia era lo primero.
VivÃa con Alà y con el Dioni, Mohamed Duehy. El Dioni, es un apodo que recibÃa este saharaui grande como un armario, por el extraordinario parecido con el famoso delincuente asaltador de blindados y cuya aventura y su captura causó furor en la España de los 90.
El caso es que como decÃa, vivÃa en Ejea con el Dioni y el apartida AlÃ. Más tarde llegarÃa a España Saba con sus otros dos hijos Brahim y Mahfud.
Ambos Mohamed, Cas Cas y el Dioni, eran militares del Ejército del Frente POLISARIO. Más tarde supe que no eran unos militares cualquiera, sino que gozaban de mucho prestigio en el pueblo saharaui tanto por su valor como por su entrega a la causa saharaui.
Pasaron los meses y nos fuimos conociendo mejor. Compartà con él muchas tardes de té. Creo que llegamos a ser amigos. Alguna vez Ãbamos a Ejea a comer un domingo junto con su familia: Saba, su mujer, Abderramán, Brahim y Mahfud el más pequeño.
Otros dÃas vinieron ellos a mi casa en Zaragoza.
Él, me contaba que era desactivador de minas del Ejército del Frente POLISARIO. Tras la invasión marroquà del Sahara en la famosa marcha verde, él no pudo huir con el POLISARIO y se quedó bajo la ocupación marroquà junto con gran parte de su familia. Pasado un tiempo logró escapar dirección Paris y allà se juntó con otros saharauis cuyo destino era ir a Tinduf (donde están los campamentos de refugiados saharauis en el suroeste de Argelia) e incorporarse a las filas del ejército para luchar con las armas contra Marruecos. Al llegar a Tinduf, en vez de mandarlo a la guerra lo mandaron a la ex – Yugoslavia a formarse como desactivador de explosivos.
Esa decisión de su ejército le desconcertó pues el lo que querÃa era irse al frente a luchar por su paÃs. No querÃa periodos formativos, máxime cuando a otros compañeros les mandaban inmediatamente al frente.
Me enseñó vÃdeos donde él enseñaba a otros militares el muro marroquà y como adentrarse en él desactivando minas y como coger prisioneros de guerra.
Yo le pedÃa que se recreara contándome historias no tanto bélicas como de su dÃa a dÃa. Me atraÃa como una persona es capaz de llegar a ParÃs y encontrarse con otros saharauis y como todos ellos tomaban la decisión de incorporarse a la guerra. Como era un dÃa en la guerra. Me daba pavor o mejor dicho miedo el hecho ya de vivirla en la retaguardia. Yo dudo que fuera algún dÃa a la guerra por mà paÃs. Este comentario le hacÃa sonreir y me decÃa que sÃ, que si te las ves como se las vieron ellos seguro que iba a la guerra. A Cas Cas, le parecÃa extraño mi interés por esos temas. Es la parte de la historia que más me atrae: digamos las historias de la historia. Siempre acabábamos igual nuestras charlas. Yo siempre le decÃa:
- Mohamed, debes escribir tu historia. No es sólo tuya. No seas egoÃsta.
Un dÃa, preocupado, quedó conmigo. El Frente POLISARIO amenazó con intervenir militarmente ante el paso del Paris-Dakar por el Sahara Occidental. Vino a decirme si yo tenÃa noticias. Estaba esperando una llamada y si ésta se producÃa lo dejaba todo y se incorporaba a filas. Le pregunté que pasarÃa con su familia y el me dijo que estaba todo previsto y que hiciera por ayudarles. Me emocionó ese gesto de amistad.
Al final, no sé si afortunadamente, no intervino el POLISARIO en el rally ante su paso ilegal por el territorio del Sahara Occidental. Más saharauis pensaban que era una buena oportunidad para tensar el proceso mal llamado de paz y muchos como Mohamed, estaban dispuestos a volver a las armas. Sé que muchos acudieron desde el sur de Mauritania a las regiones militares más cercanas dispuestos a retomar las armas en cuanto se lo ordenaran.
Con el tiempo supe que la historia del pueblo saharaui está llena de personajes como Mohamed Cas Cas. Personajes valientes y modestos que pasarán a la historia precisamente por no contarla y que su recuerdo quedará sólo entre los que les conocieron.
Su vida transcurrió con normalidad, sus hijos crecÃan, su mujer trabajaba, él progresaba. Se mudaron a Huesca donde montó una carnicerÃa musulmana y un locutorio con otro familiar. Le iba realmente bien. Ayudaba a los amigos del Pueblo Saharaui de Huesca y a todo aquel saharaui que pasaba por su casa. Siempre que iba a su casa habÃa saharauis pasando unos dÃas con su familia.
El caso es que me atraÃa ese hombre. Me atraÃa su bonhomÃa, su entereza, su sonrisa, sus silencios al escuchar mis tonterÃas de un recién aterrizado en el conflicto del Sahara.
Mohamed murió como nunca nadie pensó que podrÃa morir. Murió por un rayo. Fue a comprar harina para su tienda y allà le sorprendió el fatal accidente. Compartà con muchos saharauis y con su mujer momentos (nunca demasiados) en el hospital hasta que se produjo su muerte. Saba estaba embarazada de una niña. Hablaba ella con Abderramán y Brahim, sus cabreados hijos, de que su padre era un ejemplo y que podÃan sentirse orgullosos de él.
Me pena no haber estado en su funeral. La religión tiene esas cosas. Seguro que él como buen religioso me lo hubiera explicado y hubiera intentado convencerme pero yo a dÃa de hoy sigo sin comprender como no puedo asistir a un funeral de un amigo por el hecho de que éste fuera musulmán. No lo comprendo.
Mohamed descansa en su Sahara aunque éste aún no sea libre.
Claouey, agosto de 2008
