“El Campo del Toro” es uno de los restaurantes más afamados de Zaragoza y lugar destacado de encuentro de taurinos en la capital aragonesa.
Todo en ese restaurante sabe a toro. Su estética es muy particular. Todo está relacionado con el mundo de la tauromaquia. Cabezas de toro se reparten por el restaurante junto con fotos del anterior propietario con personajes de lo más variopinto; desde toreros a políticos. Hasta presidentes de gobierno han comido allí. Personajes en definitiva de lo más granado que ha pasado por Zaragoza.
Las tardes de fiesta y antes de las cinco de la tarde reglamentaria es normal ver a toda la burguesía zaragozana y a los políticos tomándose sus copas y sus puros cual ritual taurino.
Allí trabaja Waiter ( por no citar su nombre real). Un profesional de la hostelería como la copa de un pino pero con alguna peculariedad que sin duda lo hace diferente.
Él sabe atender a la perfección una barra plagada de personas sin que nadie se sienta incómodo y lo hace con una celeridad y productividad que para sí la quisiera una empresa alemana. Eso sin duda agrada a los propietarios del restaurante ya que aparte de fidelizar a la clientela hace el trabajo que perfectamente en otro restaurante harían por lo menos dos camareros.
El hecho de que yo acuda a ese restaurante desde luego nada tiene que ver con mi afición a la mal llamada “Fiesta Nacional”. Acudo al “El Campo del Toro” porque como decía, la atención recibida es sobresaliente, la calidad es muy alta y está, es la principal razón, a menos de veinte metros de mi oficina.
Allí trabaja Waiter, el de las manos de mecánico antes de acabar su jornada y no por lo trabajadas y encallecidas fruto de la labor ejercida en un taller sino porque tiene unas uñas de luto que delatan lo que sin duda es una falta de higiene importante.
A pesar de eso, sin duda hay un quórum entre todos los clientes al afirmar que Waiter es un camarero de los que ya no quedan. Como decía, como la copa de un pino.
A veces interviene en las conversaciones de los clientes y eso he de confesar que no me gusta. Como en la barra del restaurante si voy solo ya que a veces voy con prisas y su conversación es amena y agradable pues como todos los camareros tiene una filosofía de la vida granada en las interminables horas de barra de bar que lo hace muy particular.
El otro día y sin venir a cuento, hizo un comentario de lo más racista y xenófobo que no merece la pena mencionar. Lo hacía con la complacencia y la aprobación del aforo reunido en el restaurante a esa hora. Yo le recriminé y le dije que no reía las gracias y que con el tema de los racistas y xenófobos aplicaba la máxima de tolerancia cero. El lejos de cortarse, me increpó, sin mala educación, diciéndome que al final todos éramos racistas
- Tú si que eres racista pero yo no. Le respondí con sequedad.
He descubierto que cuando a un racista le dices que lo es, le molesta. Yo creo que si lo fuera y me lo dijeran pues me daría igual ¿no? Si uno es racista será porque estará convencido de serlo, digo yo.
Iba a responderme cuando le contesté:
- Waiter, sólo vengo al bar a tomar un menta-poleo, no a discutir
Eso le cortó.
Volvía al rato a la hora del almuerzo y la cosa estaba tensa. No por mí pero a él lo veía como mosqueado conmigo. He de reconocer que esa discusión durante la mañana había venido a mi mente con más frecuencia de la deseada. Es decir algo me importaría. Pasó el rato sin más anécdotas.
Al día siguiente antes de entrar a trabajar cumplí con mi ritual de entrar a tomar mi menta-poleo y allí fue cuando él me dijo que si me había molestado lo del día anterior.
Yo le dije que sí y él me pidió disculpas. Le dije que todo olvidado y que ese gesto le honraba y decía mucho de él.
Al final acabó diciéndome que era de Bilbao y su padre portugués como justificándose de su actitud racista y xenófoba del día anterior
-¡Toma ya! Pensé yo. Excusatio non petita, acusatio manifiesta
Es cierto y no sé si sólo pasa en España, país de emigrantes donde los haya por razones de política, hambre expansión territorial o por cualquier motivo, pero llevamos, como decía mi tío, cagando treinta años en taza y nos creemos superiores a los que vienen a nuestro país a hacer lo que hacían nuestros antepasados cuando emigraban, esto es, a buscarse la vida.
Dice un amigo mío saharaui que le irrita la palabra extranjero, tan usada aquí para nombrar lo que en el Sahara es un huésped.
Eso sin duda le haría reflexionar al bueno de Waiter aunque esa frase viniera de un “moro”
Si pasas por “El campo del Toro” busca al camarero de las uñas de luto. Es un buen tipo.
Claouey, agosto de 2008
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