La Coctelera

Vencidos

 Vencidos

 Él fue a visitar a su abuela, como todas las mañanas de domingo, a la residencia donde ella vivía desde hace varios años. No quería vivir con ninguno de sus hijos. Era muy independiente y muy suya. Siempre lo había sido. Decía que no iba a cambiar a sus 82 años por mucho que sus hijos le insistieran en que se fuera a vivir con ellos. Era feliz.

 Ella era para él una referencia, un pozo de sabiduría, su presencia, un lugar donde siempre se le escuchaba sin interrupciones, una persona que siempre le sonreía.

 Esa mañana era especial. Había ido a verla para comunicarle una gran noticia: Había decidido presentarse a las oposiciones para entrar en la Academia Militar de Zaragoza.

 Llevaba tiempo meditando y discutiendo con su padre esa decisión. A su padre no le gustaba la idea de que su hijo fuese militar. Le decía que estaba bien formado y que consideraba una profesión inútil esa vida. Los buenos profesionales - le decía - no optaban por esa mal llamada carrera militar. Le decía también, que hiciese lo que hiciese, aunque no le gustara, le apoyaría.

 Le desconcertaba esa frase que siempre le repetía desde siempre y ahora con más motivo:

 -No te hagas daño nunca a ti, ni hagas daño nunca a los demás.

 Él buscaba una aprobación en casa, su madre opinaba igual que su padre, pero haciendo caso a esa libertad recibida, optó por lo que él creía que era su vocación.

 Cuando le contó a su abuela la decisión de prepararse las oposiciones para militar, esperó encontrar un gesto de aprobación en ella, máxime cuando le contó que en casa todos estaban en su contra. Sólo encontró una sonrisa.

 -Ven aquí, te contaré una historia de nuestra familia - le dijo su abuela.

 Entonces le contó que a su padre le había tocado vivir la guerra civil en primera persona. Se había incorporado al bando que le llamaron y que lo hizo por la fuerza. Él no sabía de política, sólo de trabajar, mantener su panadería y atender a su familia en esos difíciles años 30 en España. Le tocó en ese bando porque vivía en esa zona. La afiliación a los sublevados o a los que defendían la legalidad en la mayoría de los casos era en función donde se encontraba uno en cada momento. En la mayoría de los casos nada tenía que ver la ideología. O por lo menos ése era su caso.

 Ella le contó a su nieto que su bisabuelo, su padre, al principio tuvo un destino más o menos cómodo, sin duda debido a su profesión de panadero lo que le hacía la vida más cómoda y no pasaba los rigores de los que estaban en el frente. Él estaba en la retaguardia y en su ciudad, lo que le permitía tener cierta comodidad. Era un privilegiado. Su mayor preocupación era la de dar de comer a su familia por lo que las jornadas se prolongaban durante horas y horas, del cuartel a la maltrecha panadería, para al final llevara su familia un poco de comida a la boca. Pasaron hambre, recordaba la abuela, pero tenían suerte, su padre estaba todos los días en casa.

 Todo iba relativamente bien hasta que su trabajo en la panadería decidieron que no tenía sentido y lo destinaron a otra unidad. Su carácter cambió. Al llegar a casa se metía en su habitación y lloraba, vomitaba, lloraba y vomitaba. No quería saber nada de nadie.

 Cuando se reponía salía a la sala de la casa y estaba triste, a veces se emborrachaba. Cuando iba al bar y sus amigos hablaban de sus hazañas en el frente, él nunca decía nada. Les mentía sobre su destino. Les decía que seguía en la panadería.

 Entonces con lágrimas en los ojos su abuela le contó que el trabajo que hacía su padre, su bisabuelo, en esos meses salvajes de la guerra era el de ejecutar prisioneros en un pelotón de fusilamiento. Le decía a su nieto que nunca juzgara a su bisabuelo, que nunca quiso hacer daño ni a sí mismo ni a los demás. Que era un vencido en el bando de los que querían ganar.

 Le dijo que nunca quiso hacer eso, pero que le obligaron como obligaron a otros a morir en las trincheras. Esa guerra era cruel, como todas las guerras. No querían ganar, querían matar. Le habló de la obediencia debida y le recalcó que nunca juzgara a nadie y sobre todo que nunca hiciera nada malo a nadie.

 Él le preguntó que de que bando era su padre, a lo que ella contestó que qué más da el bando del que fuera. Le dijo que en todos los bandos hay vencidos, gente que muere por las causas de otros. Gente que muere por la codicia de otros, por el ansia de poder de otros. Y esto - le reiteró - se repite desde que el hombre es hombre y que jóvenes como él tenían la obligación de cambiarlo.

 Entonces entendió el motivo por el que su padre nunca hablaba de la guerra en casa. Hablaba de los unos y de los otros, pero nunca de bandos y mucho menos de nacionales y republicanos. Ahora entendía la negativa de su padre a que él fuera militar y su "No te hagas daño nunca a ti, ni hagas daño nunca a los demás"

 Su abuela le dijo que seguro que conocía gente que le hablaba de la guerra, que en su familia había luchado en tal o cual bando. Algunos cargados de ideología, pero que "trabajos" como el de su bisabuelo había en los todos bandos y que por desgracia en cada ciudad había muchos, pero que nadie presumía de tener un familiar que hacía lo que hacía su padre.

 -Hijo - le habló su abuela - nunca juzgues a nadie sin conocerle. Mi padre fue un vencido en medio de un ejército que quería vencer.

 Él nunca olvidó esa conversación con su abuela y valoró el hecho de que el secreto familiar siguiera vivo como homenaje a su bisabuelo.

 Todo en este relato es verdad pero nada es cierto. Forma parte de la historia triste de los pueblos.

Octubre 2008

Todo empieza en Cuba

Había estado en Cuba por primera vez en el año 93 con motivo de mi viaje de novios.

Años antes, en el 91 había comenzado el “periodo especial”. Nos contaban que fue un largo periodo de crisis económica que comenzó en 1991 tras el colapso de la Unión Soviética.

Fuimos de viaje de novios. Fueron quince días muy intensos. Recorrimos la Isla en plan de turista total. Buenos hoteles, buenos guías y con dólares en el bolsillo.

La decisión de ir a Cuba fue por exclusión. Pensábamos ir a Egipto pero un par de meses antes hubo ataques terroristas a turistas y decidimos cambiar de destino.

Conocía Cuba de oídas. Mi militancia de izquierdas me hacía ser solidario con algo que desconocía y que he de reconocer que tras la visita seguía sin conocer. Es más, en todo el turismo que hicimos todo estaba relacionado con la revolución cubana. Llegó a cansarnos mucho. Tanto Fidel, tanto Martí, tanta revolución.

Reconozco que simpatizo con lo bueno de la revolución pero no con el pensamiento único ni cubano ni neocon.

Nos habían hablado tanto de Martí y de su importancia en la historia de Cuba que al ver su traje en un museo en una urna de cristal nos dió por reirnos. Seguro que las risas eran risas nerviosas de hastío por tanta propaganda politico/turística. Más tarde leí sobre Martí y en concreto por su paso por Zaragoza y sentí profunda admiración por él.

“Con los pobres de la tierra

Quiero yo mi suerte echar:

El arroyo de la sierra

Me complace más que el mar.”

O cuando en sus Versos Sencillos Poesía VII dice:

“Estimo a quien de un revés

Echa por tierra a un tirano:

Lo estimo, si es un cubano;

Lo estimo, si aragonés.”

El caso es que a pesar de conocer Cuba sólo desde laventana del hotel, seguro que ese viaje significó mucho para nosotros. A partir de ese viaje,Cuba formó parte de nuestras vidas.

Después volvimos a Cuba con Juan. Tenía 4 años. Vimos más Cuba. Más cubanos, más amigos. Nos seguía enganchando.

Conocí gracias a ese país a los que ahora son mis mejores amigos. Después vendría el Sahara pero porque antes estuvo Cuba. Después apareció Nicaragua y aparecieron más amigos, pero todos tenían algo en común: Todo empezó en Cuba.

Amigos de aquí y de allí. Como Santiago Hernández, un cubano ejemplar. De los que ya no quedan. De los que resuelven desde la integridad y sobre todo un tipo duro con un corazón de lo más bonito.

Creo que tendría dificultades hoy en día para tomarme una cerveza con un amigo que nada tenga que ver con Cuba, con el Sahara o con Nicaragua.

Quizás tengo pocos amigos, pero son buenos.

Gracias Cuba. Un beso sin complejos

Soy millonario

El otro día acudí a un fantástico concierto de Perrozompopo y de Fulanito de Tal en la Sala Joaquín Roncal de Zaragoza.

Perrozompopo es un cantautor nicaragüense de tremendo éxito en su país. Cuanto más lo escucho, más me gusta.

Además es amigo de muchos amigos míos y me consta que es una persona que vive la vida , sus consecuencias y avatares a flor de piel. Fulanito de Tal, es un proyecto musical que intenta agrupar a músicos de aquí y de allá como le gusta decir al bueno de Pino .

Fue un concierto de dos formaciones fundidas en una. Ninguna letra de sus canciones está hecha al azar. Todas tienen un sentido. Incluso las que adaptan de otros autores tiene su porqué.Sin duda afortunadamente una rara habis en el espacio musical actual.

Fui al concierto con mi hijo Juan. Nos había invitado Eduardo de Ideay Promotores.

Perrozompopo cantó una canción que mientras la escuchaba me retrotrajo a un sueño que tuve estas vacaciones y que quizás vino a mi mente por conocer a tantas personas, valientes personas, que han dejado su país para poder progresar más o simplemente porque les ha dado la gana.

La canción se llama “Quiero que sepas” y habla de la emigración y sus consecuencias. Bueno mejor se explica como dice él:

“Quiero contarte la dura historia

De lo que pasa cuando vas de norte a sur

Cuando en el bosque salen los lobos

Y como un niño herido queda el alma en soledad”

Mi sueño fue un sueño muy desagradable. Las cosas se habían complicado: el trabajo faltaba. Dejaba a mi familia en Zaragoza y toma destino Berlín donde un amigo me había dicho que había trabajo. Recuerdo en el sueño la parada en París donde me bajé al andén de la estación de tren, a la espera de continuar viaje a Berlín. Recuerdo que fumaba. Había vuelto a fumar sin duda fruto de la situación que atravesaba en ese momento. A la vez me sentía mal por fumar por lo caro que era. Además tosía. No me sentaba bien.

Recuerdo llegar a Berlín. Me monté en un autobús destino la casa de mi amigo después de esperar horas y horas ya que no había forma de hacerme entender con los alemanes. Creo recordar sus miradas de desprecio al ver que no tenía ni idea de inglés y menos de alemán.

Al final llegué a su casa. En su casa estaban más españoles en mi misma situación por lo que enseguida entendí que no podría pasar muchos días allí y que debería empezar a buscarme la vida en un país por lo menos con un idioma absolutamente hostil para mí. Recuerdo la congoja. Miraba para España y veía a mi familia. Tenía ganas de llorar.

Cuando salí el primer día a buscar trabajo recuerdo perfectamente el día gris y como estaba en el portal encendiéndome un cigarrillo y me encontraba triste, muy triste.

En ese momento desperté.

Allí estaba Conchi a mi izquierda. Toqué con suavidad sus hermosas caderas, respiré hondo y pensé que era un privilegiado.

Tengo trabajo, doy a mis hijos la educación que quiero y encima puedo irme quince días de vacaciones.

¡Soy millonario!

Agosto de 2008

Paranoias infantiles

Recuerdo que me producía una sensación de intranquilidad total el hecho de pensar que hubiese distintos horarios en el mundo a la vez. Pensaba que se podría cambiar el rumbo de la historia con sólo viajar de un lugar a otro del planeta si se hacía muy rápido. Claro, si había mínimo 6 horas de adelanto con Cuba y otras seis de retraso con China por ejemplo, podría pasar que nosotros que estábamos en el centro tomáramos como referencia lo que podría haber pasado en Cuba y que tuviera su repercusión en China y así cambiar el rumbo de la historia.

O ¿Qué pasaba con los trenes? Qué follón se podía producir a la hora de hacer un viaje. Podría darse el caso de que cogieras el tren en tu estación a la misma hora que había salido de la estación de origen aun cuando a éstas le separaran cientos de kilómetros.

¡Que dolor de cabeza!

Esta cuestión aunque parezca baladí, para mí no lo era. Me pasé tiempo pensando en estas cosas hasta que alguien en la escuela me explicó, imagino que con 8 o 9 años los husos horarios. Respiré aliviado. Todo tenía lógica.

Algo parecido me pasó, sin duda antes de la paranoia de los horarios, con la superficie de la tierra. Llegué a pensar la tierra era plana y que al final de la misma había un precipicio terrible y que éste estaría protegido kilómetros antes de llegar al mismo por tremendas vallas y carteles advirtiéndolo.

Claro, para mí ese fin del mundo no podía estar mucho más lejos de Murcia por el este o de Portugal por el oeste. Mi rigor científico se basaba en que iba a Granada de vacaciones y estaba claro que allí no estaba. Arriba esta Francia por lo que estaba claro que los últimos por esta parte del mundo eran los murcianos y los portugueses.

Claro, ahora es muy fácil ver que el planeta es redondo. Hay globos del mundo por doquier en cualquier supermercado. Me solidaricé con Galileo y su teoría cuando me explicaron en la escuela que éste fue acusado por la iglesia de hereje por afirmar que que la tierra girara alrededor del sol.

¡Menuda averiguación había hecho el tipo!

Creo que por eso le regalamos a mi hijo Juan una bola del mundo en cuanto cumplió los 7 u 8 años. Hoy viendo el dichoso planeta ya me queda claro que ya no es un plano pero que sea una esfera y que unos países estén arriba y otros debajo y que los habitantes puedan estar todos en pie a la vez me mosquea. ¡Uff que follón!

Estas intrigas que se produjeron en mi infancia, se resolvieron con el conocimiento científico que a esas edades se explicaba en la escuela y ayudó a comprender lo que para una mente infantil era difícil de entender.

No sé si eran normales o no estos pensamientos. Lo que si sé es que me atormentaron hasta que me lo explicaron clarito clarito. Más tarde vendrían otros pensamientos más intangibles que los mencionados. Pensamientos que tenían que ver con la formación religiosa y la existencia de un Dios que lo vigilaba todo y como me miraba cada vez que me subía por los sillones de mi casa o cada vez que pegaba a un compañero de colegio. El caso es que ese ser que me vigilaba día y noche y que me molestaba me tenía hasta las narices. Todos decían que era muy bueno y que tenía capacidad de organizar todo lo que ocurría, todo lo que había ocurrido y lo que estaba pendiente de ocurrir. ¿Quién le explicaba lo de los husos horarios a ese Dios?

Estos pensamientos, efectivamente, no tenían nada que ver con la ciencia. Las dudas se solucionaban afirmando que todo era obra de Dios y ya está.Si algo salía mal la culpa era de los hombres por no hacerle caso. Pero bueno como dice el dicho: “Con la Iglesia hemos topado amigo Sancho”, así que dejaremos las reflexiones sobre esos temas para otro momento.

Cas Cas

Mi amigo, tenía como apodo el utensilio que se utiliza en el Sahara para hacer el Cus-Cus, comida tradicional saharaui. Algo así como la paella valenciana o el Rosbif inglés.
Le llamaban Mohamed Cas Cas.
La primera vez que oí hablar de él fue cuando la organización en la que ejercía de voluntario, el MPDL, trajo por primera vez niños saharauis a Zaragoza. Se recibió una llamada en la sede de un saharaui que se brindaba a ayudarnos para lo que necesitáramos en el quehacer diario con estos niños.
Además, esa llamada se produjo desde Ejea de los Caballeros, lugar donde yo trabajaba en aquella época. Ejea es un pueblo de unos doce mil habitantes y situada a unos 70 kilómetros de Zaragoza.
Ese primer año fueron 19 los niños que llegaron a Zaragoza. No hicimos caso a su ofrecimiento. No creo que fuera por desprecio. Sencillamente no sabíamos por donde nos daba el aire con el tema de los niños saharauis.
Además coincide que ese primer año tuvimos a Mouloud, sin duda y que me perdonen el resto de monitores, el mejor monitor saharaui que ha pasado por Zaragoza en el Proyecto vacaciones en Paz, consistente en traer niños saharauis a pasar el verano con familias españolas. Este proyecto se desarrolla todos los veranos desde la ocupación del Sahara en 1975.
Esto hizo, creo, que la ayuda de Mohamed Cas Cas, no fuera necesaria.
Se fueron los niños saharauis, pasó el verano. Y el ofrecimiento se volvió a repetir. En este caso ya no era para ayudar con los niños saharauis sino para ayudar con todo lo que tuviera que ver con el Sahara Occidental.
Así fue como por fin quedé con él en Ejea aprovechando, lo recuerdo perfectamente, una tarde en la que solía haber poco trabajo de lo mío que era el mantenimiento en un central telefónica.
Nos encontramos en mis oficinas. Yo estaba solo. Me contó cómo había llegado a Ejea y lo que le sorprendía que la gente no supiera nada del Sahara Occidental. También me comentó que llevaba tiempo ofreciéndose a colaborar con Amigos del Pueblo Saharaui y que ninguna asociación había aceptado su ofrecimiento.
Vino a España a progresar. Tenía a su hijo mediano Abderraman celiaco con una familia de acogida en Andalucía. Él podía hablar con él en español ya que había olvidado prácticamente el hassania, dialecto del árabe que hablan los saharauis, pero no así su madre desde los campamentos de refugiados porque desconocía el idioma. Saltaron las alarmas, vieron que la comunicación con su hijo era imposible y decidió reagrupar a su familia en España. Este gesto sin duda era muy de Cas Cas. La familia era lo primero.

Vivía con Alí y con el Dioni, Mohamed Duehy. El Dioni, es un apodo que recibía este saharaui grande como un armario, por el extraordinario parecido con el famoso delincuente asaltador de blindados y cuya aventura y su captura causó furor en la España de los 90.
El caso es que como decía, vivía en Ejea con el Dioni y el apartida Alí. Más tarde llegaría a España Saba con sus otros dos hijos Brahim y Mahfud.
Ambos Mohamed, Cas Cas y el Dioni, eran militares del Ejército del Frente POLISARIO. Más tarde supe que no eran unos militares cualquiera, sino que gozaban de mucho prestigio en el pueblo saharaui tanto por su valor como por su entrega a la causa saharaui.
Pasaron los meses y nos fuimos conociendo mejor. Compartí con él muchas tardes de té. Creo que llegamos a ser amigos. Alguna vez íbamos a Ejea a comer un domingo junto con su familia: Saba, su mujer, Abderramán, Brahim y Mahfud el más pequeño.
Otros días vinieron ellos a mi casa en Zaragoza.
Él, me contaba que era desactivador de minas del Ejército del Frente POLISARIO. Tras la invasión marroquí del Sahara en la famosa marcha verde, él no pudo huir con el POLISARIO y se quedó bajo la ocupación marroquí junto con gran parte de su familia. Pasado un tiempo logró escapar dirección Paris y allí se juntó con otros saharauis cuyo destino era ir a Tinduf (donde están los campamentos de refugiados saharauis en el suroeste de Argelia) e incorporarse a las filas del ejército para luchar con las armas contra Marruecos. Al llegar a Tinduf, en vez de mandarlo a la guerra lo mandaron a la ex – Yugoslavia a formarse como desactivador de explosivos.
Esa decisión de su ejército le desconcertó pues el lo que quería era irse al frente a luchar por su país. No quería periodos formativos, máxime cuando a otros compañeros les mandaban inmediatamente al frente.
Me enseñó vídeos donde él enseñaba a otros militares el muro marroquí y como adentrarse en él desactivando minas y como coger prisioneros de guerra.
Yo le pedía que se recreara contándome historias no tanto bélicas como de su día a día. Me atraía como una persona es capaz de llegar a París y encontrarse con otros saharauis y como todos ellos tomaban la decisión de incorporarse a la guerra. Como era un día en la guerra. Me daba pavor o mejor dicho miedo el hecho ya de vivirla en la retaguardia. Yo dudo que fuera algún día a la guerra por mí país. Este comentario le hacía sonreir y me decía que sí, que si te las ves como se las vieron ellos seguro que iba a la guerra. A Cas Cas, le parecía extraño mi interés por esos temas. Es la parte de la historia que más me atrae: digamos las historias de la historia. Siempre acabábamos igual nuestras charlas. Yo siempre le decía:
- Mohamed, debes escribir tu historia. No es sólo tuya. No seas egoísta.
Un día, preocupado, quedó conmigo. El Frente POLISARIO amenazó con intervenir militarmente ante el paso del Paris-Dakar por el Sahara Occidental. Vino a decirme si yo tenía noticias. Estaba esperando una llamada y si ésta se producía lo dejaba todo y se incorporaba a filas. Le pregunté que pasaría con su familia y el me dijo que estaba todo previsto y que hiciera por ayudarles. Me emocionó ese gesto de amistad.
Al final, no sé si afortunadamente, no intervino el POLISARIO en el rally ante su paso ilegal por el territorio del Sahara Occidental. Más saharauis pensaban que era una buena oportunidad para tensar el proceso mal llamado de paz y muchos como Mohamed, estaban dispuestos a volver a las armas. Sé que muchos acudieron desde el sur de Mauritania a las regiones militares más cercanas dispuestos a retomar las armas en cuanto se lo ordenaran.
Con el tiempo supe que la historia del pueblo saharaui está llena de personajes como Mohamed Cas Cas. Personajes valientes y modestos que pasarán a la historia precisamente por no contarla y que su recuerdo quedará sólo entre los que les conocieron.
Su vida transcurrió con normalidad, sus hijos crecían, su mujer trabajaba, él progresaba. Se mudaron a Huesca donde montó una carnicería musulmana y un locutorio con otro familiar. Le iba realmente bien. Ayudaba a los amigos del Pueblo Saharaui de Huesca y a todo aquel saharaui que pasaba por su casa. Siempre que iba a su casa había saharauis pasando unos días con su familia.
El caso es que me atraía ese hombre. Me atraía su bonhomía, su entereza, su sonrisa, sus silencios al escuchar mis tonterías de un recién aterrizado en el conflicto del Sahara.
Mohamed murió como nunca nadie pensó que podría morir. Murió por un rayo. Fue a comprar harina para su tienda y allí le sorprendió el fatal accidente. Compartí con muchos saharauis y con su mujer momentos (nunca demasiados) en el hospital hasta que se produjo su muerte. Saba estaba embarazada de una niña. Hablaba ella con Abderramán y Brahim, sus cabreados hijos, de que su padre era un ejemplo y que podían sentirse orgullosos de él.
Me pena no haber estado en su funeral. La religión tiene esas cosas. Seguro que él como buen religioso me lo hubiera explicado y hubiera intentado convencerme pero yo a día de hoy sigo sin comprender como no puedo asistir a un funeral de un amigo por el hecho de que éste fuera musulmán. No lo comprendo.
Mohamed descansa en su Sahara aunque éste aún no sea libre.
Claouey, agosto de 2008

Waiter

“El Campo del Toro” es uno de los restaurantes más afamados de Zaragoza y lugar destacado de encuentro de taurinos en la capital aragonesa.

Todo en ese restaurante sabe a toro. Su estética es muy particular. Todo está relacionado con el mundo de la tauromaquia. Cabezas de toro se reparten por el restaurante junto con fotos del anterior propietario con personajes de lo más variopinto; desde toreros a políticos. Hasta presidentes de gobierno han comido allí. Personajes en definitiva de lo más granado que ha pasado por Zaragoza.

Las tardes de fiesta y antes de las cinco de la tarde reglamentaria es normal ver a toda la burguesía zaragozana y a los políticos tomándose sus copas y sus puros cual ritual taurino.

Allí trabaja Waiter ( por no citar su nombre real). Un profesional de la hostelería como la copa de un pino pero con alguna peculariedad que sin duda lo hace diferente.

Él sabe atender a la perfección una barra plagada de personas sin que nadie se sienta incómodo y lo hace con una celeridad y productividad que para sí la quisiera una empresa alemana. Eso sin duda agrada a los propietarios del restaurante ya que aparte de fidelizar a la clientela hace el trabajo que perfectamente en otro restaurante harían por lo menos dos camareros.

El hecho de que yo acuda a ese restaurante desde luego nada tiene que ver con mi afición a la mal llamada “Fiesta Nacional”. Acudo al “El Campo del Toro” porque como decía, la atención recibida es sobresaliente, la calidad es muy alta y está, es la principal razón, a menos de veinte metros de mi oficina.

Allí trabaja Waiter, el de las manos de mecánico antes de acabar su jornada y no por lo trabajadas y encallecidas fruto de la labor ejercida en un taller sino porque tiene unas uñas de luto que delatan lo que sin duda es una falta de higiene importante.

A pesar de eso, sin duda hay un quórum entre todos los clientes al afirmar que Waiter es un camarero de los que ya no quedan. Como decía, como la copa de un pino.

A veces interviene en las conversaciones de los clientes y eso he de confesar que no me gusta. Como en la barra del restaurante si voy solo ya que a veces voy con prisas y su conversación es amena y agradable pues como todos los camareros tiene una filosofía de la vida granada en las interminables horas de barra de bar que lo hace muy particular.

El otro día y sin venir a cuento, hizo un comentario de lo más racista y xenófobo que no merece la pena mencionar. Lo hacía con la complacencia y la aprobación del aforo reunido en el restaurante a esa hora. Yo le recriminé y le dije que no reía las gracias y que con el tema de los racistas y xenófobos aplicaba la máxima de tolerancia cero. El lejos de cortarse, me increpó, sin mala educación, diciéndome que al final todos éramos racistas

- Tú si que eres racista pero yo no. Le respondí con sequedad.

He descubierto que cuando a un racista le dices que lo es, le molesta. Yo creo que si lo fuera y me lo dijeran pues me daría igual ¿no? Si uno es racista será porque estará convencido de serlo, digo yo.

Iba a responderme cuando le contesté:

- Waiter, sólo vengo al bar a tomar un menta-poleo, no a discutir

Eso le cortó.

Volvía al rato a la hora del almuerzo y la cosa estaba tensa. No por mí pero a él lo veía como mosqueado conmigo. He de reconocer que esa discusión durante la mañana había venido a mi mente con más frecuencia de la deseada. Es decir algo me importaría. Pasó el rato sin más anécdotas.

Al día siguiente antes de entrar a trabajar cumplí con mi ritual de entrar a tomar mi menta-poleo y allí fue cuando él me dijo que si me había molestado lo del día anterior.

Yo le dije que sí y él me pidió disculpas. Le dije que todo olvidado y que ese gesto le honraba y decía mucho de él.

Al final acabó diciéndome que era de Bilbao y su padre portugués como justificándose de su actitud racista y xenófoba del día anterior

-¡Toma ya! Pensé yo. Excusatio non petita, acusatio manifiesta

Es cierto y no sé si sólo pasa en España, país de emigrantes donde los haya por razones de política, hambre expansión territorial o por cualquier motivo, pero llevamos, como decía mi tío, cagando treinta años en taza y nos creemos superiores a los que vienen a nuestro país a hacer lo que hacían nuestros antepasados cuando emigraban, esto es, a buscarse la vida.

Dice un amigo mío saharaui que le irrita la palabra extranjero, tan usada aquí para nombrar lo que en el Sahara es un huésped.

Eso sin duda le haría reflexionar al bueno de Waiter aunque esa frase viniera de un “moro”

Si pasas por “El campo del Toro” busca al camarero de las uñas de luto. Es un buen tipo.

Claouey, agosto de 2008

Regreso

He decidido retomar este espacio. No sé si seré capaz de hacerlo con regularidad pero seguro que lo haré con cosas de mi vida y con las cosas que me afectan.

Será mi espacio interior con vistas.

Es algo así como un exhibicionismo que me atrae.

Bardem , un tipo valiente

Javier Bardem , el oscarizado actor español , ha decidido mojarse por la causa saharaui en el V Festival de Cine del Sahara (Fisahara) acudiendo a los campamentos de refugiados saharauis en Argelia.

Me consta que explícitamente exigió no tener comodidades y que este aspecto se cumplió, aún a costa de la hospitalidad saharaui, que evidentemente quería homenajear a tan distinguido huésped con lo mejor de lo que tenían.

Javier es el que más interés ha acaparado. Es normal, ha ganado un Oscar y eso sin duda le dá más relevancia a todo lo que hace y por extensión ayuda su figura a difundir la causa saharaui.

Igual mérito tienen el resto de componentes de dicha expedición. Junto a él han ido muchos más actores y músicos como Manu Chao Rosa Mª Sardá ,Luisa martín, Fernando Colomo , Joaquín Oristrell, Willy Toledo, Javier Guitierrez ,Fran Perea, Gerardo Olivares, etc…

Han tenido una idea brillante y de gran impacto. Han decidido una plataforma de apoyo al Sahara Occidental. Ojalá tenga éxito.

Mientras unos se fotografían con el poder otros apoyan causas justas.

Olé por la saga de los Bardem.

¡Y que viva la madre que te parió!